04/03/07

Medio Pollito

ESPAÑA
De un cuento anónimo

Érase una vez una hermosa gallina española de color negro, que tenia una numerosa pollada.

Eran todos pollitos magníficos y gordos, excepto el menor, que era muy distinto a sus hermanas y hermanos. Parecía que hubiera sido partido, en dos. Tenía una sola pierna, una sola ala y un solo ojo; y únicamente tenia la mitad de la cabeza y medio pico.
Su madre, al contemplarlo, decía:

- Mi hijo menor es sólo medio pollito. Nunca podrá ser un galo grande y hermoso como sus hermanos. Ellos saldrán al mundo y gobernaran gallineros propios. Pero este pobre inocente siempre tendrá que quedarse en cada con su mamá.

Y le puso por nombre Medio Pollito.

Ahora bien, aunque Medio Pollito era una avecilla extraña y de aspecto desamparado, su madre descubrió muy pronto que no estaba nada dispuesto a permanecer bajo sus alas y su protección, en realidad, su carácter era tan distinto del de sus hermanos como su propia apariencia. Eran aquellos unos pollitos buenos y obedientes, y cuando la vieja gallina los llamaba, piaban y corrían a su lado. Pero Medio Pollito tenía espíritu aventurero, a pesar de faltarle una pierna, y cuando su madre lo llamaba para que regresara al gallinero, pretendía que no la oía por tener sólo una oreja.

Cuando la gallina llevaba a la familia a pasear. Medio Pollito se iba cojeando solo y se escondía entre el maíz. Sus hermanos y hermanas pasaban momentos angustiosos buscándolo, mientras su madre corría de un lado para otro cacarea que te cacarea, presa del miedo y la desesperación.

A Medida que fue creciendo. Medio Pollito fue haciéndose más voluntarioso y desobediente. Sus modales para con su madre eran muchas veces rudos, y su trato con los otros pollitos, desagradable.

Un día, había salido a una expedición, se plantó delante de su madre con un saltito y una patadita peculiar, que era su manera de caminar y, guiñándole su único ojo en forma atrevida, le dijo:

- Madre, estoy cansado de esta vida aburrida en la granja, sin más panorama que un triste campo de maíz.

Me voy a Madrid a ver al rey.

- ¡A Madrid, Medio Pollito! –exclamó su madre-.

Pero Pollito tonto, ¿no comprendes que sería un largo viaje aun para un gallo hecho y derecho? Un infeliz como tú se cansará antes de llegar a la mitad del camino. No, no; quédate en casa con tu madre, y algún día, cuando seas mayor, haremos juntos un viajecito.
- ¿Qué objeto tiene vivir amontonados en este estrecho lugarcito? – respondió-. Cuando tenga un magnifico gallinero propio en el palacio del rey, quizá invite a algunos de vosotros a hacerme una visita.

Y sin detenerse apenas a despedirse de su madre y se sus hermanos y hermanas, salió cojeando al camino que conducía a Madrid.

- Sé amable y cortés con todos los que te encuentres- gritó su madre corriendo tras él.
Pero Medio Pollito, tenía tanta prisa por marcharse, que no se detuvo a responder a su madre.

Un poco mas tarde, cuando tomaba un atajo a campo traviesa, paso cerca de un arroyo. Ahora bien, el arroyo estaba obstruido, lleno de hierbas y plantas acuáticas que no lo dejaban correr libremente.

-¡Ay, Medio Pollito!- suplicó el arroyo, mientras el animalito cojeaba a lo largo de su ribera-. Ven acá y ayúdame a desembarazarme de estas hierbas.

-¡Ayudarte! ¡Pues no faltaba más! -exclamó Medio Pollito, sacudiendo la cabeza y agitando las escasas plicas de su cola- ¿Crees acaso que no tengo otra cosa que hacer que perder el tiempo en esas tonterías? Ayúdate tú, y no molestes a los ocupados viajeros. Me voy a Madrid a ver al rey.

Y salta que brinca, salta que brinca. Medio Pollito se fue cojeando.

Un poco después, llegó a un fuego que habían dejado encendido unos gitanos en el bosque. Las llamas ardían muy bajas y pronto quedarían sofocadas.

-¡Ay, Medio Pollito!-gritó el fuego con voz débil y temblorosa al ver acercarse a Medio Pollo-, en unos momentos me extinguiré por completo, a menos que me pongas algunas ramitas para hacerlas arder. ¡Ayúdame, o moriré!

-¡Ayudarte! ¡Pues no faltaba más! -respondió Medio Pollito-. Tengo otras cosas que hacer. Busca las ramas tú y no me molestes. Voy a Madrid a ver al rey.

Y salta que brinca, salta que brinca. Medio Pollito se marchó cojeando.





A la mañana siguiente, cuando Medio Pollito se acercaba a Madrid, pasó cerca de un gran árbol en cuyas ramas estaba atrapado y enredado el aire.

-¡Ay, Medio Pollito! -rogó el viento-. Salta hasta aquí y ayúdame a librarme de estas ramas.

-Tú tienes la culpa por subirte ahí –respondió Medio Pollito-. No puedo perder toda la mañana deteniéndome aquí para ayudarte. Mira a ver cómo te las arreglas para salir de ahí, y no me entretengas, ya que voy a Madrid a ver al rey.

Y salta que brinca, salta que brinca, Medio Pollito se fue cojeando, con el corazón contento, por que las torres y tejados de Madrid estaban ya a la vista.
Cuando entro en la ciudad, vio ante él una espléndida mansión, con soldados que hacían la guardia delante de las rejas. Se dio cuenta en seguida de que era el palacio real, y decidió ir cojeando a la puerta principal y esperar allí a que saliera el rey. Pero al pasar brincando frente a una de las ventanas traseras, el cocinero del rey miró para afuera y lo vio.

-¡He aquí lo que necesito –exclamó-, ya que el rey acaba de mandar recado de que quiere caldo de pollo para la cena!

Abrió la ventana, alargó el brazo, cogió a Medio Pollito y lo metió en el caldero de la sopa, que se encontraba cerca del fuego.

¡Ay!, qué húmeda y pegajosa sintió Medio Pollito el agua cuando le cubrió la cabeza, haciendo que sus plumas y su única ala se pegaran a su costado.

-¡Agua, agua! -gritó en su desesperación-. ¡Ten piedad de mí y no me mojes de esta manera!

-Ajá, Medio Pollito –respondió el agua-, no quisiste ayudarme cuando yo era un arroyo allá en los campos, y ahora mereces tu castigo.

Entonces elfuelo comenzó a quemar y a escaldar a Medio Pollito.

Este saltaba y brincaba de un lado a otro del caldero tratando de apartarse lo más posible del fuego, mientras gritaba adolorido.

-¡Fuego, fuego! No me quemes así. No tienes idea del daño que me haces.

-¡Ah, Medio Pollito! -respondió el fuego-. No quisiste ayudarme cuando yo expiraba en el bosque, y ahora estás siendo castigado.

Finalmente, en el momento en que el dolor era tan grande que Medio Pollito pensó que iba a morir, el cocinero levantó la tapa del caldero para ver si la sopa estaba en su punto para la cena del rey.

-¡Mira esto! –gritó horrorizado-. ¡Este pollo está hecho carbón! No puedo servirlo.

Abrió la ventana y lo tiró a la calle. Pero el viento lo levantó y le hizo dar vueltas a tal velocidad, que Medio Pollito apenas podía respirar, y su corazón le latía tan fuertemente en el pecho que pensó que iba a rompérsele.

-¡Ay viento! –suspiró-. Si me empujas así, me matarás. Déjame descansar un momento…

Pero estaba tan sofocado que no pudo terminar.

-¡Ah, Medio Pollito! -respondió el viento-. Cuando estaba atrapado en las ramas del árbol, no quisiste ayudarme, y ahora estás siendo castigado.

E hizo girar a Medio Pollito sobre los tejados de las casas, hasta que llegaron a la iglesia más alta de la ciudad, y allí lo dejó colgado en lo alto del campanario. Y en ese lugar se encuentra todavía Medio Pollito posado con su única pierna en el campanario, con su única ala colgando al costado y contemplando tristemente la ciudad con su único ojo.


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La Soledad No Viene Sola

1 comentario:

Sr. Bateman dijo...

Creo que esta historia es la que dio origen a la castiza frase: "ser más puta que las gallinas". La madre de medio-pollito es claramente del tipo castrador y el miedo al síndrome del nido vacío hace que inhiba la personalidad de Medio-pollito por ser este el más débil de la camada y el más fácil de retener. En una sociedad falocrática como la nuestra Medio-pollito ve como la frustración se apodera de el y no es extraño que se le vaya la pinza y se convierta en un pollo malo, quizás de haberse tratado de una polla los convencionalismos sociales le (la en este caso) habrían obligado a resignarse con su destino. No se menciona en la historia pero intullo que Medio-pollito había caido en las garras de la droga para escapar de su opresora madre. Como se aliena del resto de la sociedad pollil y las ideas descabelladas que tiene como el ir a Madrid a ver al rey no dejan lugar a la duda. Medio-pollito cayo en el perico porque si le hubiese dado por el jaco se habría dedicado a aparcar coches y no es el caso.
Una historia muy instructiva me ha echo darme cuenta de la inmensa suerte que tengo de no ser un pollo.